El PATRÓN DE MI PUEBLO.
Era una vez un pequeño, humilde y acogedor pueblo ubicado al norte Antioqueño donde por primera vez llego por obra divina un nuevo habitante, alguien que derramo tras su bendición un cambio inminente en este lugar lejano y olvidado por la historia.
A eso del medio día, unos forasteros, llegaron a este lugar con el propósito de trabajar, y vender sus artesanías. Entre ellas las mas valiosa de todas, “un cristo”, viejo, y deteriorado por los años, que le ofrecieron en ese entonces, al párroco del pueblo Roberto Antonio Arroyave Vélez en esos tiempo era joven, un hombre creyente y religioso,era quien se caracterizaba porque su pequeño pueblo fuera el mas sublime y lleno de pujanza.
Estos hombres le ofrecieron 300 pesos, demasiado dinero para esos tiempos de escases. Jacinto y Gonzalo los supuestos artesanos pasaron tres días y dos noches en San Pedro, esperando la respuesta del sacerdote, quien trato de recoger el dinero, pero al final solo faltaban miserables 100 pesos que no logro reunir.
El padre Roberto se dirijo a los hombres con gran tristeza pues él quería ese cristo para su pequeña iglesia – jóvenes ciento mucho la espera, solo logre recoger 200 pesos, entre feligreses y toda la comunidad, no tenemos el suficiente dinero para comprar dicha reliquia.
A lo que Jacinto le respondió: - padre la intención no fue mala, es un placer haber llegado a este acogedor lugar, en ese momento escucha el grito afanado de Gonzalo,- ¡apúrate Jacinto, se nos hace tarde y debemos regresar!. Ambos se despidieron del pueblo y emprendieron su camino asía Medellín, por la vieja carretera que comunica a san pedro con el municipio de Girardota Antioquia.
A poco tiempo de estar caminando y en el lugar
conocido como alto Medina, vereda cercana al caserío, Jacinto comenzó a sentir
que el peso aumentaba cada vez más y sin motivo alguno, tal fue la fatiga, que
exclamo con su vos débil y quebrantada-¡oye Gonzalo! Ven ayúdame, que ya no
puedo más, ¡este bulto está muy pesado!, Gonzalo extrañado por lo sucedido, le
ayudo a descargar el crucifijo en la orilla del camino para descansar un poco
sobre el barranco, pues el cansancio era agobiador, y no podían con su carga.
Más tarde luego de comer algo y descansar,
Gonzalo y Jacinto deciden pedir ayuda a
personas que por allí pasaban, y que después de escuchar la confusa historia trataron de alzar el
crucifijo, pero el intento fue fallido, era demasiado pesado, tal vez pesaba
100 toneladas- decía Con tono angustiado uno de los vendedores.
Después de dos horas y mil intentos de inútil trabajo
se dieron por vencidos y decidieron, volver a San Pedro, donde contaron lo que
había sucedido. El hecho se regó rápidamente por el pueblo, y frente a la
belleza de la imagen y el fervor que había despertado entre los feligreses, decenas
de personas salieron al encuentro del Cristo.
Curiosamente, o por obra divina el peso
regresaba a su estado normal, cuando al ser levantado, decidieron regresar con
él al pueblo.
La imagen fue expuesta una vez más a la
veneración, entre las personas crecía mayor admiración por ella y, al no hallar
razón alguna que explicara lo sucedido, lo tomaron como un milagro, en el cual
la imagen manifestaba su voluntad de permanecer en San Pedro. Así fue como los
vendedores hicieron negocio en los doscientos pesos ofrecidos por el párroco y
la imagen entró en la capilla pajiza para quedarse en el pueblo.
Aquel personaje tal vez ficticio o mitológico para gran parte de la sociedad, logro sacar del anonimato, aquel caserío del que se había apoderado, se convierto en un pueblo diferente, distinguido a través de los años, un pueblo con un olor a tierra a campos verdes y frescos, una tierra llena de pujanza característica de su gente tan cordial tras la llegado de este magnifico y gran hombre.
FIN.